jueves, 18 de agosto de 2011

Soy colaborador, no cobrador

Estoy a punto de aventar el arpa en uno de mis tres empleos.  Ese lo tengo apenas desde por ahí de marzo de este año.

Es algo que me gusta, pues implica involucrarme con el automovilismo.  Mis jefes fueron mis fuentes hace años, así que hay muy buena comunicación para trabajar.

Sin embargo, batallo para que me paguen.

Tengo dos trabajos ya realizados pendientes de pago y que hace casi tres semanas les dije que me urgía para el lunes pasado.  Es fecha que no sé nada al respecto y justo esta semana estoy trabajando en un evento que termina el domingo.  La bola de nieve sigue creciendo.

Regularmente, quienes trabajan para ellos en esos eventos reciben su pago el día del evento.  Se van a casa con su lanita en la cartera.

Acá, conmigo, desde mis antecesor, siempre se ha manejado así como ahora, es decir, lo dejan para el último.

Me incomoda mucho tener que llamar para cobrar.  Anoche le platicaba a S en casa todo esto y le dije la razón que les di, que es real, sobre la urgencia de recibir ese pendiente a más tardar hoy… me dijo que no me hiciera ilusiones.

No es mucho, pero si se junta el pendiente con lo que estoy haciendo ahora, creo que nunca me lo pagarán y me estresa.

Le pregunto a una compañera si está mal que les recuerde de ese pago y me dice que de ninguna manera, que se trata de algo que ya trabajé, que simplemente no estoy pidiendo un anticipo, sino algo realizado ya.

Ayer que hablé con la persona encargada me dijo: “es que se juntaron la quincena, con los pagos de servicios y, pues, no hay”.

Me quedé callada pensando: “So?”.  Al final solo le dije: “me urge para mañana”.

En fin, no sé si al terminar la temporada continúe ahí.  No sé si yo mejor le daré las gracias por esta inconformidad o ellos me dirán adiós porque les estoy cobrando… aunque, pensándolo bien, a quien le den esa labor les cobrará.

Justa razón.

lunes, 15 de agosto de 2011

Caso cerrado

Hoy fue la audiencia en el Juzgado en referencia al Juicio Sumario de Alimentos.

No está de más mencionar que J estaba realmente enojado.  Esta vez, para mi sorpresa, se “aventó” a afrontar sus problemas y responsabilidades solo, sin la compañía de su papá.  Hasta extrañé al señor.  Yo por primera vez fui acompañada, fui con mi cuñada Viviana (gracias, cuñada-amiga).

Y bueno, pues la Juez me otorgó el 20 por ciento de su sueldo y prestaciones, incluyendo fondo de ahorro, vales de despensa, aguinaldo, utilidades, préstamos, todo.

Por supuesto, la cosa no fue sencilla.

Él me pidió “que le tuviera consideración” y que me depositaría a mí ese porcentaje de lo que él dice que gana con el argumento de que quedaría mal ante su empresa si ellos, el patrón, recibía la notificación judicial.

A toda costa no quería que la empresa para la que trabaja me hiciera esos pagos directamente.

Simplemente le dije que no tendría más consideraciones.

J comenzó a aportar a los dos años de nacido de Manotas, hace cuatro años.  Comenzó con 300 pesos al mes y la última cifra, que ha sido la misma desde el 2008, fue de mil pesos mensuales.

No le compraba ropa, no aportó nunca para las terapias de Juan Pablo y nunca ayudó con colegio ni despensa ni médicos ni medicinas. Nada más.

Solo este año le compró un par de tenis y zapatos para el colegio, para el nuevo ciclo escolar que está por comenzar. 

Pero los tenis de piel que le compró inicialmente le quedaron pequeños y al cambiarlos los canjeó por unos tres números más grandes de lo que calza y de plástico.  Así que tendré qué invertirle para cambiarlos por unos apropiados y que no le lastime el pie.

Así que después de reclamarme ante el juez que no lo insultara cuando lo corregía al decir que no aportaba y de pedirme que llevara a Manotas a sus terapias al IMSS o al DIF para que no me costaran, de decirme que lo sacara del colegio (que él no paga) y hasta de recriminarme que trabajo y no atiendo personalmente el problema de lenguaje de mi hijo, firmó.

Lo que ya ni sorpresa me causó fue que me acusó de que a la hora que le toca ir por Juan Pablo, me voy con él para que no lo vea. En fin, eso me causó mucha gracia.

Hasta hoy supe que el señor ha estado pagando un Seguro de Gastos Médicos Mayores no sé desde cuándo y yo gastando dinero y dinero en consultas particulares.  Me ofreció mantener ese SGMM si yo accedía a que él me depositara la cantidad que le venía en gana.  No acepté, por supuesto.

Y como no acepté, entonces el señor cancelará ese SGMM del niño. Luego, nos dimos cuenta que gana mucho más de lo que dice, con ingresos extra.

Me siento bien porque lo único que estoy haciendo es asegurar el futuro de mi hijo.  Si la cantidad por ley fuera la misma que la que ha estado depositando, yo lo habría aceptado igual, con esa mentalidad estaba, pero lo que quiero es tener la seguridad de que Juan Pablo está recibiendo lo que merece.

¡Desde cuándo lo hubiera hecho!

Misión cumplida. 

Próximo paso: El Divorcio.


Por si no te vuelvo a ver

No sé si sea defecto, virtud o simplemente una de mis características más características.

Suelo ver más de cinco veces una película que me encante y leer miles de veces un libro que me fascine.

Mi hermana Alma se ha convertido en mi proveedora de libros.  Ella y mi cuñado poseen una biblioteca envidiable. Quienes los visitamos en su nueva casa y nos gusta leer irremediablemente terminamos atrapados leyendo los títulos de los libros que integran su enorme colección ubicada en enormes libreros en la primera estancia del hogar.

Uno de los últimos que me prestó fue Por si no te vuelvo a ver, de Laura Martínez-Belli.


Lo he leído tres veces. Consecutivamente.  En un lapso de 20 días.

Termino de leer la última página, con lágrimas en los ojos por el final de la historia, y me regreso a la página uno, para atraparme y conmoverme como si nunca la hubiera leído antes.

Así que la termino y la vuelvo a iniciar de inmediato.

Es una novela realmente hermosa, interesante, conmovedora. Una historia de época, pero una historia bien hecha, bien escrita, perfectamente bien escrita.  Me ha pasado que leo otra cosa después de leer ésta y me molesta la forma de escribir de otro autor.

Aquí la reseña de la novela:

En los albores del siglo XX en México, mientras los vientos revolucionarios soplan cada vez con más fuerza, la pequeña Mercedes ve interrumpida su infancia al ser vendida por su madre a un burdel. Transformada en una joven prostituta, al quedar embarazada y dar a luz, decide entregar su pequeño hijo en adopción. El elegido para hacerse cargo del niño es un hombre culto y adinerado que lo educará y se lo llevará a vivir a la capital. Desatada la Revolución, Mercedes se verá forzada a sumarse a las huestes de Emiliano Zapata, mientras que en la mente de su hijo Gilberto convertido en pintor y ayudante de Diego Rivera el recuerdo de su madre parece desvanecerse.
Por si no te vuelvo a ver es el emotivo retrato de una época marcada por el fragor de la lucha armada y la energía de los artistas plásticos que reflejaron en sus obras el anhelo de renovación que se perseguía. Una novela conmovedora, enmarcada en uno de los momentos más importantes de la historia de México.

El sábado la terminé por tercera vez. Aunque es económico (creo que no cuesta lo que merece) y vivo a unas cuantas calles de una Librería Gandhi, no quiero despegarme de él.  Quiero tenerlo en mi buró eternamente, para rescatarme de los momentos de aburrimiento o de ansiedad.

Así que ayer, mientras reposaba la colitis ocasionada por la inesperada visita de Mr. Rojas, comencé a leer por segunda vez otro libro de mi hermana, La Escuela del Amor, de Beatriz Escalante. Que no me llena casi nada como la primera que les comento y recomiendo, pero al menos me hace llevadero el momento.

Les dejo la recomendación.  Ampliamente recomendada.

viernes, 12 de agosto de 2011

Malos espíritus

Hoy S y yo tocamos un tema escabroso que ha ido y venido en los últimos casi cuatro meses.  Algo que estuvo a punto de derrumbar lo nuestro.

Ahora podemos platicarlo sin enojarnos, porque al principio era motivo de trifulca-civilizada.

Pero, creo que se enojó un poco conmigo, pues llegó un momento que no me dijo ninguna de las formas con las que suele llamarme con cariño y que me reservo.  Me dijo Elena.  Sentí feíto.

Lo bueno es que luego tocamos un tema que teníamos pendiente de resolver fuera de nosotros y ya volvió a decirme como suele hacerlo.

Es cierto que a lo bueno se acostumbra uno fácilmente.

Bien "enredada"

En mi adolescencia y edad adulta nunca fui fan de las películas infantiles.  No así cuando fui niña que amé Candy Candy, Bel y Sebastian, Remy… puras historias desgarradoras.  Dramas animadas que en realidad rompían corazones.

Ahora que soy mamá, no me queda más que ver películas infantiles y justo ahora de Súper héroes que tampoco son mi hit, aunque me encanta Spiderman.

En cuanto a películas de niños dulces, me gustó, a secas, Toy Story 3, pero luego llegó Mi Villano Favorito para desbancarla.

Tengo ahora dos favoritas de este corte: Up Una Aventura y de Altura y Enredados.  Ésta última la veo a diario, me encanta la historia, los efectos, los personajes, todo.

Así que aquí tengo a los personajes favoritos de Enredados que me roban el corazón todos los días.

Este personaje me encanta, me recuerda mucho a los amigos Choppers de mi hermano Chopper.



Sin duda, mi favorito es Maximus, es una especie de caballo-perro-humano que es la neta del planeta.







Y ¿qué me dicen del Cupido alcohólico?  Me hace reír a carcajadas con su frase: “arréstenme”.  Es el chaparrito que está al frente.



Las escenas del Rey, papá de Rapunzel, me hacen llorar diario.  No puedo dejar de derramar lágrimas cuando él llora al extrañar a la hija perdida cuando está a punto de salir al balcón con la reina para celebrar los 18 años de la princesa que le fue robada por una dama-bruja cuando era bebé.



Y cuando Yuyín y Rapunzel están de romance en el río, en una barca, me hace seguir llorando.



Amo la película y me recuerda que sigo siendo ñoña.




jueves, 11 de agosto de 2011

♪ Despierta, mi bien, despierta ♪

Hoy más que nunca, te tengo en mi pensamiento y en mi corazón.




Hay pocas cosas tan ensordecedoras como tu silencio

Hoy Gustavo cumple 52 años.

Queremos contarles que se mantiene estable y no se produjeron cambios significativos en su estado. Sin embargo, no perdemos las esperanzas y perseveramos en ofrecerle los mejores cuidados que le puedan ser brindados.
Percibimos en él sutiles señales, que nos confirman el camino emprendido junto al equipo de médicos, el equipo de enfermería, kinesiólogos, músicoterapeutas y demás especialistas que trabajan a diario con su salud.

La semana pasada, siguiendo con la tarea y participación que comenzó Gustavo hace tiempo en acciones desarrolladas por Red Solidaria, decidimos comenzar a hacer circular a través de su cuenta en Twitter (@cerati), información de algunas de las campañas en las que Juan Carr, responsable de Red Solidaria, requiera difusión.
Gracias a todos una vez más por las distintas formas de manifestar apoyo permanente a Gustavo, a sus amigos y a nuestra familia.
http://www.cerati.com/            






¡Gracias… totales!



No somos nada

Platicando hace unos minutos con un colega periodista del deporte motor, recordamos juntos a los que ya se fueron y les platiqué hace días en este rincón: Marcelo, Zamora y Carlos.

Y fue imposible no recordar un suceso nada agradable: la forma en que somos tratados por personal de las funerarias una vez fallecemos.

Es entonces cuando no quiero ni pensar si mueres de forma violenta y en cómo te tratarían los peritos, los del Semefo, los médicos legistas y los cuidadores de las “neveras” en las que la piel se convierta en cartón hasta que te carguen de nuevo en masa para depositar tus miserias en una fosa común, en caso de que tus familiares no extrañaran tu ausencia.

Esto que les contaré le sucedió a un deportista que no es ninguno de los tres que mencioné al inicio de mi entrada. Pero, por obvias razones, no diré su nombre ni su especialidad.

Murió joven y yo trabajaba en ese medio en el que no te puedes perder nada y debes hacer las guardias necesarias para que la nota y la foto no se te escape detalle a detalle.

Sus familiares decidieron cremarlo, así que me fui al panteón donde se realizaría ese proceso.

Inocente de mí.  Me bajé del taxi y caminé hacia el sitio donde estaba ubicada la cámara en la que se convertiría en polvo el atlético cuerpo de ese talentoso deportista.

Un hombre, supongo que era hombre, vestido totalmente de blanco de pies a cabeza, como esos que vemos en las escenas de los crímenes diarios, estaba solo programando la temperatura y el tiempo de “cocción” del difunto.



Yo, con las ropas simples que llevaba ese día, entré como si nada.

El tipo puso el grito en el cielo y me exigió que me saliera del lugar y me acompañó.

Me explicó que no podía entrar así nada más, que debía hacerlo con ropa especial, pues de esa forma, sin la protección como la que él usaba, podía enfermarme.

Obviamente no me explicó si eso pasaría porque me transmitiera alguna enfermedad nada más por entrar o si porque  los polvos o gases del cuerpo humano del ya fallecido podía entrar por la nariz o algún poro abierto de mi piel.

Salí.

Fueron más de cinco horas de espera, si mal no recuerdo.

El taxista, el fotógrafo, el del video y yo no nos movimos para nada del lugar, pero ya estábamos desesperados, así que nos paramos en la entrada del panteón cuando sale otro tipo de la cámara de cremación con un costalito en la mano.

Bien sonriente el tipo, hasta iba silbando una canción de moda, me vio y me dijo:

E.- “¿Usted es la reportera que está esperando los restos del deportista?”
Y.- “En efecto”.
E.- “¡Aquí está ya!”.

La última frase la rezó al tiempo que sonreía jocoso y levantaba con una de sus manos el costal, esa bolsa grisácea que acumulaba las cenizas de un deportista al que entrevisté varias veces en momentos de triunfo y gloria.

Sentí escalofríos.

El siguiente paso era llevar las cenizas a una funeraria en la que esperaba la familia a su ser querido.

Así que procedimos a dirigirnos al taxi para seguir el vehículo del fulano ése.

Yo no aparté la vista de esa persona.  Estaba en shock. Por más que quería mantener mi postura profesional, me conmovió la pérdida tan repentina de un hombre tan joven, con tantos proyectos y que recientemente lo había visto lleno de vida y ahora yacía en una bolsa pequeña de tela.

Me indignó el hecho de que el tipo que se había dirigido a mí aventó la bolsa al asiento del copiloto sin el menor cuidado y respeto.  Eso fue lo que más me pareció infame de su parte.

Peor me sentí al ver a la hermana, a la madre, al padre, esperando con ojos vidriosos a su ser querido y más eligiendo la urna en las que descansaría para siempre.

Hace un par de años, estuve a punto de arrancar un ambicioso proyecto en el periódico en el que colaboro y el tema con el que arrancaríamos sería el embalsamamiento de cuerpos y su preparación para ser velados.

Convencida estaba.  Gracias al cielo que las funerarias, muchas, muchísimas, se negaron a mi petición de presenciar tal trabajo y mucho menos, captar imágenes.

Ahora que recuerdo momentos como éste del mal-trato hacia los que ya se fueron en manos de quienes aquí siguen, creo que no lo hubiera soportado.

“Polvo somos…”

miércoles, 10 de agosto de 2011

Amores perros

No es que una se vuelva insensible. Más bien, creo que las prioridades cambian.

Hace algunos años, antes de ser mamá, no soportaba ver perros abandonados en la calle.  No podía recogerlos todos, pero mínimo les daba de comer y así.

Fue en febrero de 2004 cuando conocí a Lucas Benjamín.  Justo tenía un mes de haber comenzado los preparativos de mi boda, así que al verlo con inicios de sarna solo pude decir: “pobrecito, perrito”.

Sin embargo, Lucrecio permaneció muchos meses “viviendo” en la cuadra de mi casa y yo gaste y gaste dinero en un evento patético e inútil y sin poder recogerlo.  Así que solo lo veía empeorar de su problema de la piel y me volteaba a otro lado, pues simplemente no podía ayudarlo.

Poco a poco, Lucrecio Benjamino se convirtió en el perro de todos y de nadie.  Cuando cualquier vecino llegaba a casa de trabajar, él corría hasta su coche para recibirlo a brincos, pero apenas si volteaban a verlo.

Me casé en septiembre.  Para noviembre, estaba irreconocible.  Casi no tenía cabello y olía a putrefacción.



No lo pensé más y le pedí ayuda a un vecino para agarrarlo.  Batallamos, pero lo metimos a una caja de madera y lo llevamos a una de las veterinarias que apoyan la causa de Pro Defensa Animal con precios económicos.

Ahí vivió Lucas de noviembre de 2004 a febrero de 2005.  Había que cubrir el costo de hospedaje, alimentación y medicamentos en lo que sanaba.  Así que lo hice a escondidas de J, porque no le gustaba que "anduviera yo en esos trotes", en sus palabras.

A las pocas semanas de que fuera internado, me enteré que estaba embarazada y de alto riesgo, así que no pude ir más a ver a Lucas.  Solo le daba dinero y comida a un amigo para que se encargara de llevarlos a la doctora.

Lucas fue puesto en adopción.  La persona interesada no estaba muy convencida y hasta pagó un corte de cola para verlo más hermoso.

En febrero lo adoptó y yo no pude si quiera despedirme de él, pues estaba viviendo mi segunda y más peligrosa de las amenazas de aborto que sufrí.

Un día de mayo, llegué del súper a casa.  Mamá me recibió con la novedad de que Lucas había regresado.  La chava había hablado días antes para comentar que lo regresaría porque simplemente el can no pudo llevarse con otro que ella ya tenía. 

Mamá no quiso comentarme nada para no preocuparme.

Salí al patio y me quedé con la boca abierta.  Lucas Benjamín estaba gordito y su pelito le volaba al correr.




Mi mamá me dijo: “No quiero que lo des en adopción.  Ese perro ha sufrido demasiado ya”.

No sé cómo ni cuándo, pero Lucas, al poco tiempo, decidió que mi hermano y cuñada fueran sus padres adoptivos y se fue a vivir con ellos, hasta hoy.  Viven en la planta alta de casa de mi mamá, donde ellos construyeron la suya.

Hoy, es feliz y está hermoso, aunque chimuelo.  Su pobre alimentación en sus primeros meses de vida, cuando vivía en la calle, hicieron perder una a una sus piezas dentales.



En casa tengo a Dalí Miguel, otro perro que adopté con Prodan en septiembre de 2003 cuando era un cachorrito.  También es un guerrero, pues sobrevivió a la máquina tragadora de basura de un camión recolector donde seguramente lo tiraron al nacer creyendo que estaba muerto.



Luego tuve un Shitzu, Toto Carolino, que nunca se llevó bien con Miguel, y ahora vive en el Contry. 

Hace poco, mamá recogió una cachorrita abandonada, Susana, pero la tuvo mientras le conseguimos una casa y una familia.

Tanto Toto Carolino, como Susana, tienen alberca y en estos días de calor corren y corren para luego darse un chapuzón en ellas, con sus distintas familias.

Todos ellos tienen un lugar importante en nuestras vidas y corazón.


martes, 9 de agosto de 2011

Ineptitud para llevar

Si hay alguien que me exaspera en demasía es nuestro ya no tan flamante y “poderoso” Gobernador.

No es posible que habiendo ya transcurrido varias, muchas, semanas de vacaciones escolares sea justo esta semana cuando eche a andar obras en las principales arterias de la Ciudad.

Esta semana entraron a clases los de educación profesional y preparatoria, así que el tráfico ha aumentado considerablemente y, encima, se topa uno con embotellamientos que bien pudieron evitarse si se hubiera trabajado en ello a finales de junio.

Hoy, restan solo dos semanas para regresar los estudiantes de educación básica a clases y yo seré una más de las mamás neuróticas que sale corriendo en las mañanas y a la hora de comida para dejar y recoger a mi hijo.

Estos tráficos, en verdad, Rockdrigo, no son de Dios.  En verdad, solo necesitas sentido común.  Eres un inepto.


¡Y ya se que te valemos madre!

PD.- Malditas sean las gordas que votaron por él a cambio de lonche y un Barrilitos caliente.