Imposible no tocar el tema de lo ocurrido el jueves en Monterrey.
Ese día lo pedí de vacaciones en el empleo que tengo de tiempo completo, pues se trataba del día previo a la primera piñata de mi Juan Pablo.
Sin embargo, los planes cambiaron. Mi editor del periódico me puso dos eventos: uno en la mañana y otro en la tarde… y en la noche me llamó para apoyarlo en la edición de las notas de este lamentable acontecimiento para el periódico de México.
Lo que ustedes vieron en la televisión, periódicos e internet, no se acerca nada a la realidad, a lo que fue.
Al cerrar los ojos, ya sea para descansar, dormir o simplemente parpadear, las fotos que vi en la redacción esa noche de ese hecho tan cruel vuelven a mi mente para llenarme de escalofrío.
El Casino Royale estaba a la vuelta del salón donde fue la piñata de Juan Pablo, así que ya una vez bajó la adrenalina del trabajo de esa noche, comencé con los nervios de si me cancelaría el evento el salón, si habría accesos, etc. Situación que estuvo bajo control el mismo viernes de la piñata a medio día.
Los invitados llegaron y se toparon con camiones llenos de soldados y patrullas apostados justamente en la entrada al estacionamiento del salón de fiestas.
Yo todavía estoy en shock… casi todos los regios tenemos algún conocido que estuvo ahí, que se salvó o murió.
Todavía tengo impotencia, se me cierra la garganta y no quiero pensar más en todo eso.
En fin. Es un mugrero de sociedad. Es un mugrero de Gobierno y con esto, espero con todos mis deseos, que nuestro gobernador renuncie inmediatamente y se haga algo ya para terminar con todo esto.
Que en paz descanse toda esa gente.