Mostrando entradas con la etiqueta Amarguras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amarguras. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de enero de 2014

Quiero salir corriendo...


Convencida estoy.

Ya no quiero trabajar en donde estoy.

No es que no me guste lo que hago.  La verdad es que adoro, estoy enamorada de lo que hago, pero simplemente el ambiente de trabajo es muy pesado.

Han sido 19 meses muy difíciles de sobrellevar con quien hace las veces de jefe.

No quiero entrar en detalles porque no acabaría, pero he aceptado desde hace un par de meses que estoy siendo objeto de una especie de bullying laboral y estoy muy decepcionada.

Lamento mucho haber abandonado mis tres trabajos que tenía, pues no sólo los perdí, sino que dejé de recibir lo que ellos me daban, pero sobre todo, la tranquilidad de trabajar en un buen ambiente.

Hace casi 9 años, cuando me despidieron en el 2005 de este mismo empleo, juré por todo y ante todo que volvería.  No sé qué estaba pensando.

Hoy ya tengo varias semanas buscando nuevos horizontes.

Dios quiera que se de.

No quiero que pase mucho tiempo antes de poder colocarme en un mejor lugar, con mejores personas.

Espero sea rápido porque el hecho de ser mamá y que todos los días mi hijo me despierta con una sonrisa es lo que ha evitado que caiga en una profunda depresión.

Me cuesta mucho venir al trabajo.

Me cuesta  mucho dirigirle la palabra y el verlo me provoca aversión.  Nunca había detestado tanto a una persona, pero el hecho de que sea tan miserable  y abusivo no puede provocarme otro sentimiento.

miércoles, 17 de abril de 2013

No es queja...

Es... ¿sorpresa?

De febrero a este día mi vida ha dado un giro inesperado.

Cuando sufrí el golpe a mi patrimonio, me di cuenta que perder a S era aún más duro que eso...

Hoy, cuando la mala fortuna, el turno, el descuido, o el designo de Dios, mi salud se ve fuertemente mermada, me doy cuenta que esto es mucho más importante que esos dos hechos que me rompieron mis esperanzas y mi futuro que entonces creía prometedor.

Ya en posts anteriores conté aquí lo difícil para mí que ha sido ser mujer, desde la menarquía hasta la espera de Juan Pablo por tratarse de un embarazo de alto riesgo y hoy, otra vez las cuestiones anatómicas femeniles vuelven a darme un golpe bajo, pero que, ahora sí, me tienen con mucho pendiente.

Ha sido una semana difícil.

El lunes 8 de abril llegó mi periodo normal, con algo de dureza en cuanto al SPM, andaba muy sensible, los pechos me dolían de más, etc.

El jueves 11, en lugar de disminuir el flujo, aumentó considerablemente acompañado de grandes coágulos, pensé que pasaría pronto hasta que la intensidad y el malestar me hicieron acudir el domingo a urgencias del IMSS para ver qué pasaba.  Había gastado del viernes al medio día de ese domingo 42 toallas femeninas.

Me atendieron bien, a secas, en el sentido de que me revisaron bien, pero no me dieron un diagnóstico. Me hicieron tacto, me auscultaron con un espejo y me retiraron manualmente gran cantidad de coágulos y luego me sometí a un eco vaginal.

Me dieron un medicamento para "ayudarme a disminuir la hemorragia, pero que de todas formas consultara a mi ginecóloga particular".

Así que salí de ahí pegada al teléfono hablando con la doctora, quien me pidió no tomar el medicamento recetado por los médicos del seguro y que me presentara a primera hora en su consulta en un hospital particular.

Me hizo unas preguntas y me realizó exactamente el mismo procedimiento que en el IMSS, así que volví a lastimarme un poco.

No sé qué vería.  La verdad, no quise preguntar, primero porque estaba sola en el hospital y con un miedo terrible a una mala noticia y luego porque asumí que al final de todo el proceso me daría un diagnóstico.

Después del tacto, la auscultación con espejo y el eco vaginal, me sugirió someterme a una histerectomía, es decir, extirparme la matriz dejando solamente los ovarios para que estos ayuden a no sufrir una menopausia prematura y sus achaques.

Luego de hacerle preguntas me dijo que lo pensara y lo considerara, pero que el siguiente paso, dado la emergencia de detener las intensas hemorragias, ella necesitaba hacer una biometría hemática para ver si no estaba anémica por la pérdida de sangre, así como un legrado para detenerla y una biopsia del endometrio para analizar tejidos.

Sentí que una descarga eléctrica me sacudía completa.  Obviamente pensé "cáncer"...

Subí a otro piso en donde me prepararon y la esperé una hora. Tenía muchas pacientes.

Inició el procedimiento.

Simplemente no puedo describir el dolor físico que me provocó.  Es sumamente doloroso tanto la biopsia como el legrado sin anestesia.

Me dijo que si no me relajaba ella no podría terminar su trabajo, pero lo más importante, no podría detener las fugas de sangre considerables que estaban poniendo en riesgo mi vida (literal).

Sentí durante esos largos minutos, como si me estuvieran arañando las entrañas.  Ni las amenazas de parto o de aborto mientras esperaba a Juan Pablo, fueron tan dolorosas como éstas.

Ella observó a contra luz el tejido que extirpó de mi lastimado endometrio mientras el líquido que haría las veces de conservarlo rápidamente se teñía de rojo.

Ella salió y se quedaron conmigo una residente y una enfermera dado a que yo me presenté sola al hospital.

Comencé a llorar como una niña.  Primero por el dolor y luego por el temor de que algo grave esté viviendo.

Me sentía inmensamente sola, descobijada.

Le envié un mensaje a S diciéndole lo que estaba pasando y su respuesta fue el silencio.  Más desprotegida me sentí.  ¿El qué tenía qué ver en todo esto, verdad?

El dolor siguió por lo menos cinco minutos más después de que salió la doctora de ahí.  Regresó en cuanto mis estudios de sangre estaban listos.

Increíblemente, no estaba anémica y me recetó hormonas.

Los resultados de la biopsia y un papanicolau que practicó aprovechando que ya me tenía en la plancha, me los dan en 20 días.

Me he sentido sumamente débil, nauseosa, inflamada, adolorida.

Hace rato la llamé y le dije que sigo desechando sangre, pero en mucho menor cantidad.

Dice que es normal y que continuara mi tratamiento por 21 días.  A ella la veré el lunes.

Ya hasta he pensado a quién decirle que acompañe a mi Juan Pablo y mamá a Cancún.  Siento que no estoy bien para hacer ese viaje y me dolería en el alma que él se lo perdiera.

Me da miedo que esto vuelva a pasar porque ella dice que es muy probable que esto suceda.  No podré soportar verme otra vez así y sufrir un procedimiento igual.

Me he estado informando sobre la histerectomía, sobre todo lo que esto implica y sus consecuencias.
Me dicen que te incapacitan por 42 días y pasas al menos 5 hospitalizada, ¿Y Juan Pablo y sus tareas y sus cosas?

Dicen que una de ellas es que la vida sexual cambia y me entristece.  Bah! Como si yo tuviera con quién realizar esa parte de mi vida y como si se me antojara sentirme amada en ese sentido ahora que me está llevando la chingada.

Les pido sus buenas vibras y oraciones.

Realmente tengo mucho miedo de que sea algo malo. El semblante de la doctora no es muy animado, está más bien a la espera del diagnóstico.

Lo que hizo fue solo el plan emergente de detener el sangrado.  Esperemos en Dios que no sea cáncer.  Tengo muchas cosas qué hacer con mi hijo y siento que esta semana me ha envejecido literalmente.  En verdad, no tengo ánimo de nada.





lunes, 8 de abril de 2013

¡Qué cosas!

Por increíble que parezca, S ha entrado no más de una vez a este espacio y lo hizo cuando recién fue creado.

No sé, como que prefería no enterarse de lo que aquí escribo yo, sabe Dios por qué.  La verdad, nunca lo entendí, no le pregunté y sí me dolía su indiferencia por este blog porque indirectamente la indiferencia era hacia una parte de mi vida, de la vida de la que entonces, se supone, era su pareja.

Así que lo que yo diga o no de él aquí, las miles de formas que yo encuentre para vomitar lo que siento con respecto a él, él ni enterado está. 

Seguro ya ni la liga tiene.  Lo conozco tan bien, que seguramente ya borró mis correos, mis mensajes y hasta mis teléfonos de sus aparatos y su memoria.

Tengo aproximadamente tres semanas de no saber absolutamente nada de él.

Aún y cuando terminamos hace dos meses, todavía nos aventamos semanas de agobiantes diálogos diarios por horas y horas, ya sea por SMS, mails y teléfono, sin que llegaramos a nada.

En ese tiempo que hablamos después de terminar la relación, nunca le pedí que volviéramos y él tampoco.  Digamos que no llegamos a ningún acuerdo que nos conviniera a ambos para seguir manteniendo siquiera una relación de amistad.

Se desgastó tanto la relación de "amigos" post al truene, que yo terminé harta y él seguramente también.

Aún lo recuerdo con tristeza. Por momentos lo extraño.  Hoy, por ejemplo, noté que hace muchísimos días él no había sido mi primer pensamiento al despertar y volvió a aparecerse en mi mente apenas abrí los ojos en la mañana luego de dormir tan sólo tres horas por la noche.

Me dio coraje y tristeza que otra vez se adueñara de un espacio de mi mente.

Hace rato pasó algo extraño.

Una amiga colega, que apenas estoy tratando, me dijo que se lo había encontrado hoy en un evento.

De inmediato mi pregunta fue: ¿Y cómo está?

No me la respondió en ese momento, pero en el transcurso de la breve conversación, me dijo que lo veía relajado.

No sé explicar lo que sentí y siento sobre la percepción de esta amiga en la persona de S.

Justo antenoche le preguntaba a mi amigo Diego, quien aunque es muy joven es un tipo muy inteligente y centrado y ha sido un gran apoyo para mí en los momentos difíciles de mi duelo, pues me levanta de la depre con dureza, diciéndome la verdad de las cosas en una forma que me hace despertar, a veces rápido y a veces días después.

Le preguntaba que qué creía él que sintiera o pensaba S al no saber de mí, porque yo tampoco lo he buscado por mensajes y mucho menos con llamadas o en persona.

Me dijo:  Pues yo creo que le ha de valer madre...

Todo esto lo escribo porque estoy HARTA del vaivén de sentimientos en mi corazón.

Por ejemplo, cuando lo extraño, conscientemente me recuerdo las cuatro o cinco frases hirientes y humillantes que me dijo durante esos tiempos que hablamos inútilmente cuando terminó la relación.

Hubo luego algo o alguien que se convirtió en mi ancla para sostenerme y no undirme en el dolor, pero ese alguien, aunque se que sólo es un gran amigo, de pronto pone barreras muy justificables y se aleja más y vuelvo a caer en la soledad.

Él no sabe que sólo es eso: un apoyo, un hombro, un brazo para sostenerme y sonreír.

Ahora mismo estoy encabronadísima porque tengo muchas ganas de llorar.  Ya no sé si sea bueno o no enterarme del más mínimo detalle sobre él.

Saber de S de la forma que lo supe me lastimó.  Debo reconocerlo.

domingo, 24 de marzo de 2013

Soledad

 
 
Desde hace varios meses, me había llamado la atención una mujer mayor que siempre barría la banqueta de un edificio cerca del colegio de mi hijo.
 
Primero volteaba a ver ese lugar por curiosidad, pues yo frecuente en los 90's ese sitio al estar ahí establecido el consultorio de un dermatólogo que me trató varios meses.
 
En tiempos recientes, tomaba esa avenida para irme a trabajar luego de dejar a mi hijo en el colegio y ahí estaba ella.

Una mujer con cabello teñido de rojo, muy delgada, con una escoba en las manos en la que se recargaba mientras platicaba con conocidos (o tal vez también desconocidos) que pasaban por esa banqueta.
 
No sé por qué me daba la impresión que era una mujer deseosa de socializar y eso que la veía unos segundos únicamente.
 
Hace un par de semanas fuimos Juan Pablo y yo a un centro comercial para ir al cine.  Llegamos más de una hora antes de que iniciara la proyección de la película que veríamos.
 
Ahí estaba ella, sentada en una banca afuera del cinema y me senté a su lado.

Rápidamente comenzamos a platicar.
 
Ella comía un enorme vaso de nieve y aunque no me dijo su nombre, sí me dijo que casi todos los días pasaba todo el día en esa plaza comercial en la que todos la conocían.
 
Me contó la historia de trabajadores y trabajadoras de algunos de los locales comerciales.
 
Casi todos quienes pasaban a nuestro lado la saludaban amablemene y luego ella me presumía que me estaba diciendo la verdad, que ella siempre estaba en ese sitio y que por ello era la más conocida del  lugar.
 
Ella sigue igual, muy delgada, alta, ha de pisar los 70 años.
 
Es tan blanca de la piel que las arrugas le han hecho una mala jugada en ese rostro que aún tiene huellas de haber sido el de una mujer hermosa en la juventud.
 
Sus ojos son azules.
 
Ella me cuenta que en ese edificio en el que siempre la veo barriendo y platicando con peatones es propiedad de un hermano de ella que es cirujano plástico.  De mi dermatólogo, nada sabe, aunque sí lo conoce.
 
En cuanto le pregunté si era casada, soltera, viuda y si tenía hijos, su rostro afable se transformó, tal como si se hubiera amargado, aunque no tan al extremo.

De inmediato me dijo que jamás supo lo que era tener novio, que jamás fue besada y mucho menos había hecho el amor con un hombre (así con esas palabras).
 
Ella me cuenta que nunca nadie le lanzó un piropo, ni siquiera por aquellos sus ojos de color y que si iba a una boda o fiesta la frustraba que nadie hiciera el intento o tuviera la caballerosidad de invitarla a bailar alguna melodía.
 
Sentí tanto dolor y rencor en su forma de hablar.
 
Hace poco me dijo alguien que muchas personas nacen (y me incluyó) con la consigna de no casarse o vivir en pareja.  Que debemos acostumbrarnos y aceptarlo porque no todo en la vida es hacer vida en pareja.

Qué injusto me pareció su comentario viniendo de un hombre casado y, supongo, enamorado de su mujer con la que tiene dos hijos y aparentemente una vida ideal.
 
Esta mujer me dio una lección de que los seres humanos, definitivamente, no nacimos para estar solos.
 
Me dolió su dolor.

lunes, 18 de febrero de 2013

Lo sabes muy bien...




Tu sabes bien...
que sin tí no funcionaré
sería intentar volar sin alas.

Tu sabes bien...
sin tí el invierno será muy cruel
ya no habrá hogueras en mi playa.
¡Oh no!

Y todo el tiempo que pasamos juntos
no lo olvidaré,
será una mancha en el agua.

Y cada noche que te amé, lo juro,
la recordaré,
junto a la luna en la cama.

¡Ay, ay, ay! ¿qué será de tí?
¡ay, ay, ay! ¿qué va a ser de mí?
si tú te alejas y yo me quedo
muy solita aquí...

¡Ay, ay, ay! ¿qué será de tí?
¡ay, ay, ay! ¿qué va a ser de mí?
si tú me dejas y yo me quedo
llorando por tí...

Tu sabes bien...
que si me quitas del medio hoy
voy a llorar un mar de lágrimas

Tu sabes bien ...
no es tan fácil decir adiós
y luego continuar en calma.

Y cuando lejos,
muy lejos estés
te recordaré,
con tristeza en tu mirada.
Y cuando el deseo entre en mi piel,
imaginaré,
tu mano bajo mi falda.

¡Ay, ay, ay! ¿qué será de tí?
¡ay, ay, ay! ¿qué va a ser de mí?
si tú te alejas y yo me quedo
muy solita aquí...

¡Ay, ay, ay! ¿qué será de tí?
¡ay, ay, ay! ¿qué va a ser de mí?
si tú me dejas y yo me quedo
llorando por tí...

¡Tu sabes bien!

¿Por qué será que el amor, el amor
es como una ola
cuando llega te besa, te abraza
y con facilidad te abandona?
¿Por qué será mi amor?
¿qué va a ser de mí?
si tu te alejas y yo me quedo
muy solita aquí
¡Ay, ay, ay! ¿qué será de tí?
¡ay, ay, ay! ¿qué va a ser de mí?
si tú me dejas y yo me quedo
llorando por tí...

Ay amor, ay amor...
Si tu te alejas y yo me quedo
llorando por tí
Oooohhhh

¡Tu sabes bien!

sábado, 13 de octubre de 2012

Dolor

Pese a que mi Juan Pablo tiene ya siete años, lo que pasó el jueves me hizo llorar tanto como nunca.

Fue un hecho reprobable, doloroso que terminó con casi seis horas seguidas de mi llanto de coraje, impotencia y muchísima tristeza.

En menos de una semana, Juan Pablo se sintió desairado por las famosas piñatas de sus compañeros del colegio.

Antes que nada quiero dejar claro que lo que a mí me indigna no es le hecho de que no sea tomado en cuenta pues, al ser mamá, puedo entender que a veces no hay presupuesto para invitar a todos los compañeros de salón de nuestros hijos.

También puedo entender que mucho importa a algunas madres hacer click con las mamás de los otros niños y también que ellos ya están en edad de elegir a quién invitar.

El primer hecho que me molestó fue que la maestra, a petición de una madre de familia, repartió en el salón de clases, a la hora de salida, cuando una amiga y yo estábamos en la puerta, las invitaciones de la fiesta de cumpleaños de su hijo.

El hijo de mi amiga y Juan Pablo no fueron requeridos.  Solo atiné a hacerle el comentario a esa mamá, muy amiga mía, que las maestras debería evitar la imprudencia de hacer algo de este tipo.

Juan Pablo es un niño exageradamente sentimental, así que sí sintió que no fue tomado en cuenta, pero al rato lo olvidamos los dos.

Lo que pasó el jueves fue lo siguiente.

Manotas, al no verme en la puerta del salón a la hora de salida, quería comenzar a llorar, pero su maestra le dijo que hiciera tiempo yendo a su escritorio, con una mamá que estaba llenando ahí las invitaciones de la fiesta de su hija, para recoger la suya.

Ahí estaba un montón de chamacos rodeando a la señora.  Ella le entregó una invitación a Juan Pablo y él la alzó muy contento, pero algo le dijo la niña a su mamá que la señora se la arrebató de las manos y mi hijo puso su cara de tristeza.

A los pocos minutos, la mamá, la hija y la maestra estaban afuera del salón, muy cerca de mí y entonces salió Juan Pablo.

Deliberadamente pregunté a mi hijo por su invitación, aquella que su maestra le dijo que recogiera mientras yo pasaba por él y me dijo: "No me dieron, mamá".

La maestra escuchó nuestra plática y le comentó a la señora que Juan Pablo estaba en la lista de sus invitados y la hija le dijo: "No, yo no estoy invitando a Juan Pablo, estoy invitando a Pablo"; su madre sólo sonrió con los labios torcidos.

Salí de ahí conteniendo el llanto, pero al comentarle por celular a otra amiga del colegio me solté a llorar hasta las 8:30 de la noche.

Me dio tanto coraje que un adulto hiciera algo así.

Me quejé con la directora de Primaria Menor y no le puso atención a mi queja.  Más molesta estoy todavía.

Ellas creen que me molesta el que mi hijo se haya perdido una fiesta, cuando en realidad lo que me DUELE en el alma es que lo hayan lastimado de esa forma.

No sé dónde tienen los valores algunos padres de familia y cómo fomentan el bullying y la discriminación en sus hijos.

Yo creo que nunca van a corregir esa actitud y menos si la escuela lo permite.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Sin título

Llevo días sintiéndome pésimamente mal, anímicamente hablando.

En estos momentos no soy buena compañía, ni físicamente ni sentimentalmente ni de amistad y hasta ni como compañera de trabajo.

Una amargura está estacionada dentro de mí.  Y no es una amargura nueva.

No soy feliz.

Estoy encabronada porque creo que nunca lo he sido.   

Y aquí no entra Manotas.  Hablo de , de Elena.  Este post no es para hablar de lo feliz que me sentí cuando él nació, porque si mal no recuerdo es la única vez que sentí plenitud, por eso quiero dejarlo fuera de esta entrada. No soy feliz como ser humano ni como mujer.

Me siento hundida en un hoyo sin fondo e inevitablemente estoy cayendo en él cada vez más.

Yo, que critico tanto a las Brides to be, que ven todo el  mundo color de rosa, no he aceptado que me he aferrado a pintar mi vida de ese estúpido color sin que medianamente llegue a un rosa paliducho.

Estoy llorando, me siento frustrada, con muchos pendientes y con mucha impotencia porque no sé cómo ni con qué resolverlos.

Me siento espantosamente sola, cansada de crearme un mundo irreal que ni yo misma ya me trago.

Tengo una amiga que diario cambia su foto en el feisbuc y ayer me burlé de eso con ella.  Le dije que qué aventada era de tomarse fotos diario y que qué poca madre que pudiera reír siempre.

Le comenté que la única foto que tengo más o menos decente de mi persona es la que ven aquí a lado derecho de su pantalla.  Es la misma que publicaron en la primera Bodissima que escribí, que uso en el gafete para poder recoger a Juan Pablo del colegio, de mi feisbuc… de todo.

Ella me dijo que conoce a mucha gente así, que no les gusta tomarse fotos porque no están contentas con ellas mismas.

A partir de esa frase abrí mis ojos y mi mente para darme cuenta que indirectamente me estaba describiendo a mí.

Para rematar, me pasó por el feis fotos viejas, de nosotras, donde reía, fea, pero reía sin importarme la cámara.

Me siento tan desvalorada, tan sola, tan frustrada, tan amargada. Tan encabronada con la vida y tan impotente.

Y como dice José José: Hoy quiero saborear mi dolor… no pido compasión ni piedad.