miércoles, 31 de agosto de 2011

Monterrey


No puedo dejar de copiar esto que encontré en un blog que llegó a mí de rebote hace unos minutos.

Por ello, obviamente, no es de mi autoría, pero no deja de calarme en lo más profundo del alma siendo regia de nacimiento.  Así que se los comparto.


Relato de un chilango que vivió 10 años en Monterrey

Agosto 2011

Hoy dejo Monterrey después de 10 años de haber sido un invitado de esta tierra.

Me voy con el corazón roto y con una tremenda nostalgia.

Nunca podré olvidar a Monterrey. Me llevo a dos regios que nacieron aquí y que si yo tratara de olvidarme de Monterrey, ellos no me lo permitirían.

Pero más allá de haber pasado los que hasta ahora han sido los mejores años de mi vida, muchas cosas suceden en esta tierra que te marca por siempre.

Son muchas las cosas que hacen única a esta ciudad y que cuando las entiendes, se quedan tatuadas en el alma.

Cuando pienso en las cosas que más me gustan de Monterrey, la mayoría de las imágenes que vienen a mi mente son territorios comunes.

No encontré en 10 años nada diferente a las cosas que encuentra un turista de fin de semana: el acento, la franqueza, las montañas, la carne asada, la comida sencilla, la cerveza, un clima miserable cuando está haciendo frío y más miserable aún cuando hace calor.

La amistad, el trabajo, el esfuerzo, la solidaridad de la gente.

Todo eso es lo que, para mí, hace único e inolvidable a Monterrey y que sin duda es lo mismo que aprecia una persona a las 12 horas de haber llegado a la Ciudad.

Me gusta pensar, sin embargo, que estos 10 años aquí me dieron una perspectiva un poco más profunda sobre las cosas.

Sobres esas mismas cosas que todo mundo conoce sobre Monterrey, pero que solo logran entender los que son de aquí o los que, como yo, tuvimos la suerte de ser adoptados por ésta Ciudad y ésta gente por un poco más de tiempo.

El trabajo.
Sí, la gente de Monterrey es extraordinariamente jaladora.  Han logrado construir una de las ciudades más pujantes de este País, literalmente, de la nada.

Solamente con base en el trabajo recio, determinado.  Le han arrancado a esta tierra todo lo que la tierra no quería dar.

Aquí las cosas no abundan, se ganan con trabajo.  Jalando. Esta Ciudad se levantó una vez y dos y tres.

Cada cierto número de años, la Ciudad se destruye y la vocación de trabajo y sacrificio de los regiomontanos se vuelve a poner a prueba.

Los regios nunca han perdido, ni con Gilberto ni con Álex. Ni perderán con los que vengan.

¿Orgullosos?, ¿presumidos?. Sin duda y con razón.

La solidaridad.
Es sin duda lo que más me emocionó y enseñó de vivir en esta Ciudad.

Ésta gente que a simple vista se distingue en clases y en jerarquías tienen la sorprendente capacidad de abandonar los códigos postales, los títulos de las tarjetas de presentación y los colores de la piel para unirse sin recato cada vez que se necesita.

Cuando la Ciudad enfrenta una dificultad, y vaya que lo hace, la gente se arroja a las calles a ayudar, a sacar a la Ciudad adelante.  Se pierden los individualismos y los egoísmos y se da todo por el otro, sin conocerlo.

La naturaleza le ha arrebatado TODO a Monterrey muchas veces. La ha despojado de todo… menos de su dignidad, orgullo y solidaridad.

Los amigos.
Creo que la amistad aquí tiene una profundidad difícil de encontrar en otro lado.

El sentido de solidaridad es tremendo. Tal vez sea porque sin la solidaridad de la gente nada de lo que hoy es Monterrey hubiera sucedido jamás.

La proeza de haber erguido esta Ciudad se pudo dar solamente basada en la colectividad. Ésta no es una Ciudad de individuos, es una Ciudad de la gente que se ha unido en un solo esfuerzo.

Nada me da más risa cuando alguien le llama “compadre” a alguien sin serlo.  Yo creo que el compadrazgo aquí, es cosa seria.  Es una distinción que se gana y que se honra.

Es una formalización de la extensión de la familia hacia un domingo que se distingue del resto de los amigos.

Se hace compadre a unos cuantos y se les guarda por siempre.

Mi mayor premio de estos años, es el orgullo de llevarme tres compadrazgos.  Diez años, decenas de amigos y solamente tres compadres.

La comida.
Es comida sencilla, pocos platos, simples, sin sofisticación, sin adornos. No podía ser de otra forma.

Es un recordatorio de lo que es ésta gente.  Comida sencilla, casi adictiva, que se lava mejor con una Carta.

Platillos que recuerdan cada día en la mesa la extraordinaria capacidad de los regiomontanos de hacer cosas excepcionales con muy poco.

Yo no sé qué voy a hacer sin una dosis al mes de chicharrón de La Carnicería Ramos.  Sin unos frijoles “con veneno”, sin los tacos mañaneros, sin “un atropellado” de El Botanero, sin una barbacoa, de esa que no es de borrego; sin un lechón al ataúd, sin un rib eye a la sal, sin una riñonada de El Gran San Carlos, sin una cabecita de cabrito de Las Palomas.

Me llevo puestos 10 kilos de recuerdos de todas las mesas que compartí, de todas las amistades que alimenté en la mesa.

El lenguaje.
Aquí se habla regiomontano. Hay veces que puede ser difícil entenderlo.

Jale, soda, chaqueta, legajo, grapadora, zacate, azorradillo, carro, raza, trompo, vueltas, carrilla, cheve, chisqueado, curado… y mi favorita: ¡con madre!

Yo creo que hablan así a propósito, para distinguirse de los que no son de aquí y para que cuando salen de Monterrey, todo mundo sepa que de aquí son.

Es una forma sutil de portar la bandera con orgullo.  La forma de hablar no se puede imitar.  Es mejor no intentarlo porque en el mejor de los casos terminas oyéndote artificial.  Hablar así es un derecho que solo tienen los que son de aquí.

La carne asada.
Me tardé muchos años en entender que la carne asada no se trata sobre la carne asada. La carne es solamente un pretexto para reunir a la gente. 

La carne, en realidad, es lo de menos.  Lo que importa es el ritual, la preparación de la carne solamente marca el ritmo de la reunión, del calor de la plática, de la cercanía.

En la carne asada se resuelve todo. Es la resolución del día pesado, de las tristezas, de las alegrías.

Es una metáfora de amistad, de honestidad, de sencillez.

Qué emoción me daban las carnes asadas.  En la noche. Sin prisa. Sin reloj. Sazonadas con sonrisas, con alegría.

Las montañas.
¡Qué bonitas y qué útiles las montañas!

Uno no se puede perder en Monterrey gracias a las montañas. Las hay verdes y áridas. Todas imponentes, todas majestuosas.  Rodean a los regiomontanos como una demarcación de esta tierra única, poderosa.

Son solemnes, casi nostálgicas.  Un recordatorio permanente del lugar que ocupa Monterrey en el mapa y de los obstáculos que se han sobrepasado para construir la Ciudad.

Hoy me voy triste porque la Ciudad está siendo atacada y en medio de este ataque dejo a muchas de las personas que más he querido.

Uno no puede dejar de preguntarse ¿por qué a Monterrey?

Y cuando lo piensas, la respuesta es muy sencilla: Porque los regios no se caen con nada.

Porque son de los pocos pueblos capaces de soportar esto y sobreponerse.

Porque esto, que mataría el ánimo y el espíritu de cualquier pueblo del mundo, aquí será una batalla ganada.

La gente de Monterrey va a prevalecer como lo ha hecho siempre.

Autor: Anónimo


Queja del día

Donde trabajo de tiempo completo contrataron un Outsourcing de Recursos Humanos que nos lleva todos nuestros asuntos.

Hoy vengo a quejarme.  La gente que ahí trabaja, osea que nos da servicio, son muy amables, de eso no tengo queja.

De lo que tengo queja es de los días de pago y no porque sea mucho o poco lo que depositen, sino porque lo hacen TARDÍSIMO.

Acabo de llegar del banco a hacer unos pagos urgentes y no me habían hecho ninguno de los dos depósitos con los que me cubren mi salario quincenal.

Afortunadamente, tenía un guardadito y de ahí pagué lo que tenía qué pagar hoy.  Me faltan otros pagos que haré con lo que me falta que depositen.

Me pongo a pensar en los compañeros que de plano solo tienen este ingreso y que son las tres de la tarde y todavía no hay nada en sus cuentas.

En verdad, ¡qué falta de sensibilidad!

Los vecinos... y Juanita

Vivo en un rincón del Centro de Monterrey, pero lejos del bullicio que rodea a los
comercios céntricos, así que alejen de sus pensamientos la idea de que a la puerta de mi casa pasa un ruta 4 ó un ruta 70, porque no es por ahí.

El asunto es que tengo de todo como vecinos. Unos son bien vaciados, otros lo que le sigue al calificativo “insoportables”, y también algunos con historias bien chidas.

Empezaré por los que me hacen la vida de cuadritos.  Pero no pares de leer porque la última historia es digna de admirarse.

A un lado de mi casa vive una familia Tigre (giuc).  Los hijos, ya son adultos.  El mayor ya tiene siglos casado y vive lejos de ahí desde entonces, así que solo diario va a comer lo que guisa la cuñada (que es mi amiga y me cae muy bien) al trabajar en un sitio céntrico.

La soltera, pasa de los 30, es guapa y sumamente agradable y trabajadora.  No sé porque ni mano le han puesto, también me cae muy bien.

De hecho, mal no me caen, lo que me molesta son ciertas actitudes que afectan a los vecinos.

El esposo de mi amiga es un desmadre tratándose de fiestas, pues es muy ruidoso.

Cuando se casó dimos gracias al cielo porque sus pedas terminarían.  Sin embargo, su mamá, qepd, enfermó y en un momento de gravedad el monito éste se regresó con todo y esposa e hija a la casa paterna.

Mientras Doña Any estuvo enferma no hubo fiestas. Cuando murió, obvio, menos… Pero después del año de fallecida todo volvió a la triste realidad, él nunca se regresó a su casa y su terraza se convierte en una cantina hogareña.

Ese espacio colinda justamente con las habitaciones que ocupamos Manotas y yo y mi santa madre, así que somos víctimas de su ruidazo, gritos, cantos desafinados a todo pulmón, música a tope, el partido de futbol a todo volumen… a ellos no les importa si ganan, pierden, empatan o se mueren los Tigres (giuc), ellos como quiera “festejan”.

Me he visto en la penosa necesidad de llamar a mi amiga para pedirle que le bajen a su desmadrito y le bajan.  Pues no importa que sea lunes o miércoles, la peda sigue, eso es seguro. 

Hay veces que la bacanal dura desde las 4 de la tarde de un día y termina en la madrugada de dos días después, con lapsos cortos de paz en lo que ellos se recuperan para seguir empinando el brazo con singular alegría.

En la misma acera, pero más adelante, viven tres hermanos holgazanes, uno de ellos casado, los otros dos meten a la mujer en turno a vivir lo que dura el romance, pero no solo eso, ahí vive gente que quién sabe de dónde sale.  Todos revueltos, entre niños, mujeres, hombres.  Son un caos. 

Sus fiestas las hacen en la calle y son del mismo estilo que mis vecinos de a lado. ¡Pobres Doña Julia y Don Felipe!, sus vecinos inmediatos.

Enfrente vive una que da mucha tela de dónde cortar.  Digo, uno no anda vigilando su vida, pero vive frente a mi casa y hace cosas bien curiosas. De esas cosas que uno no puede ignorar.

Es hija de los dueños de un nuevo depósito que durante toda la noche surte la cheve a los dos grupos de borrachos que ya platiqué (si ocupan cheve a deshoras, avísenme y les digo dónde les venden sin temor alguno). 

Ella estudió una carrera, pero no la ejerció jamás.  A ella le gustó dedicarse a la profesión más vieja de la historia (échale coco para que adivines cuál es).

Es muy guapa, tiene cuerpo como de plástico y no está operada, pero está más paseada que la carriola que usó Manotas de chiquito.

Sale temprano a pie, con zapatos y ropas padres que nunca repite, y regresa con un hombre. 

Se mete, se lava ahí, se vuelve a arreglar y llega otro.  Se van.

Regresa, se mete, se lava ahí y llega otro.  Y así le sigue hasta el día siguiente.  A todos los besa con amor y pasión.  Osea ¿cómo ignorarlo?

Y el lado bueno de mis vecinos es una señora de la tercera edad que merece un lugar especial en el universo.

Juanita Moreno.



Sus padres tenían muchas propiedades, razón por la que en aquellos años no tenían problemas económicos.

Ella se casó y tuvo dos hijos varones, ahora ya sexagenarios, pero es tan buena, que la gente que la conocía le dejaban a sus hijos con la promesa de regresar “después”.  Nunca lo hacían.

En total, Juanita tuvo más de 30 hijos.  Si platicas con ella comienza a hacer la cuenta:

“Primero llegaron Teresa, Ángela, Alejandra, Pilar, María, José, Eusebio, Ofelia y Alejandra que eran hijos de mi tía Teresa que me los encomendó en su lecho de muerte…

“Luego llegaron Ramón, Antonio, Arturo, Sandra, César, Maribel, María Antonia, Juan, Margarita y Lupita”.

Y remata con que tuvo otros seis más que vivieron con ella por temporadas.  Eran huérfanos o enfermos que luego fueron recogidos por familiares, aunque a todos los considera sus hijos.

Para mantenerlos, vendió todas las propiedades que le heredaron sus padres.  Ahora vive en una modesta casita con una de sus hijas adoptivas que trabaja en un cine.  A veces la visita el hermano de esa chica.  Él nació con malformaciones en sus piernas, así que se traslada arrastrándose en una patineta y por ello posee unos pectorales y brazos envidiables.  A él también lo crió Juanita.

Ella ya es grande, pero camina rapidísimo y siempre está presente en las actividades en la iglesia.  Su sueño ahora es apoyar ¡en una casa de ancianos!, pues dice que tiene mucho amor por dar.

“Hay de todo en la viña del Señor”… dicen.  Yo digo que en mi barrio, porque el Centro no es colonia, hay de todo como en botica.

martes, 30 de agosto de 2011

Una vez escribí mi diario...

Si hay una época de mi vida que recuerdo con inmenso cariño y nostalgia es la de la Preparatoria.

Fue un mundo totalmente nuevo para mí en todos sentidos, empezando en que se trataba de ingresar a una escuela pública y mixta, cuando toda mi vida estuve en un colegio de monjas y 100 por ciento femenino. Usando un uniforme realmente espantoso y que ha sido el mismo diseño en los más de 100 años de existencia de mi Alma Máter. (Razón por la que me negué rotundamente a inscribir a Manotas ahí, ahora que ya es mixto.  No quise condenarlo a usar semejantes garras toda su vida estudiantil).

En esos tiempos en el colegio había preparatoria, pero por mis problemas de indisciplina me fue negado el pase directo, así que mi papá “me castigó” enviándome a la Prepa 2.  Fui el prietito del arroz de los hijos de Luis y Vicky.  Mis dos hermanos mayores sortearon todas las pruebas y se aventaron su educación básica, media y profesional, totalmente en instituciones privadas (íralos, íralos).

Lo que no supo mi papá fue que me regaló la oportunidad de vivir una etapa maravillosa, que no hubiera cambiado jamás por dos semestres en la UdeM, en el Colegio Mexicano o en el Tec.

Recuerdo bien el primer día de clases.  Me senté al fondo del salón.  Sentía que la mirada de los compañeros “me violaba”, inocentemente.  Luego luego fui catalogada como “la fresa del salón”.

Afortunadamente no era la única que venía de un colegio como el mío, sino también otra compañera que fue parte fundamental en esos episodios de mi vida. 

Así que con ella comencé a juntarme, según porque teníamos "los mismos principios".  Lo cierto es que con ella me inicié en el vicio de fumar y conocí los antros muy pequeña y hasta me enseñó a manejar.  Su vida fue muy acelerada.  Aún así la estimo y aprecio muchísimo y no la juzgo.  Simplemente así le tocó vivir su vida.  Obvio, tiene mi misma edad, ¡y ya es abuela!

Esa fue la época, la única en mi vida, en que no fui tan delgada.  Vestía siempre a la última moda.

En esos tiempos no tuve novio jamás, pero sí tuve dos eternos enamorados a quienes nunca les hice caso: Chuy y Alejandro.  Ahora creo que el segundo hubiera tenido más posibilidades que el primero de haber insistido.  Le falló la perseverancia.

En cambio, me enamoré de tres que no me pelaron: Chuy (otro), Armando y otro más que nunca traté y de quien se trata el tema de hoy en mi rincón.

Pasaron los años y mi etapa de vida cambió.  Un buen día, encontré en un cajón de mi buró una libretita bastante coqueta.

Les juro que no recordaba para nada haber escrito un diario en mi vida y ese cuaderno era justamente eso, un diario amoroso de su servidora.

No saben, hablaba maravillas de esa persona (sin mencionar el nombre en todas las primeras páginas, que eran muchas).

Que si sus ojos, que si era muy guapo, que admiraba su inteligencia, que me hacía temblar tan solo verlo entrar a esa casona antigua en la que me tocó hacer el tercer y cuarto semestre (anexa), que hubiera dado mi vida si me dedicara una sonrisa.

Que no me cansaba de preguntar santo y seña de él, que envidiaba a la chica prieta y gorda (con esos calificativos) que le tocaba sentarse a su lado. Hasta me lamentaba amargamente porque el destino me había negado que nos tocara juntos en la misma aula.

Que no me importaba que fuera más bajo que yo, que daría lo que fuera porque se convirtiera en mi novio.

No, no, no, halagos y más halagos que me enchinaban la piel y me llenaba de curiosidad saber de quién demonios hablaba, porque, honestamente, en esos tiempos que encontré ese diario, que no fue más que un par de años después de terminar la Prepa, no recordaba haber sentido tanto por alguien de la Dos.

Estaba acostada en el que entonces era mi cuarto, en mi casa, clavadísima leyendo esa “novela” escrita por mí, cuando llego a la última página.

“...Y sí, estoy enamorada estúpidamente de ti y tú ni cuenta te das… Alvarito”.

Mi mente comenzó a trabajar a mil por hora.  No recordaba al tal Alvarito que me inspiró a escribir tanta ñoñería… hasta que a las quinientas supe que era el mono nerd que veía de puerta a puerta en el segundo piso de esa vieja casona del centro.

No pude evitarlo, solté la carcajada que más me ha desahogado en la vida.  Por poco y no controlo esfínteres del ataque de risa que eso me causó.

Lo que más sorpresa me provocó es que ni lo recordaba para nada porque nunca, jamás, crucé palabra con él como con los otros dos que me gustaron en esos entonces y que no escribí nunca una línea dedicada a esos amores imposibles.

¡Lo que hace la edad de la punzada!

lunes, 29 de agosto de 2011

¡Súper increíble!


Creo que el viernes Juan Pablo vivió uno de los días más felices de su existencia.

Eran las 6 de la mañana de 20 días después de su cumpleaños número 6: “Hoy es mi fiesta, mamá”. Fue lo primero que me dijo. 

Era la fecha que su mamá había elegido para celebrar en grande su cumpleaños, pues ya había transcurrido una semana de clases y con ello teníamos la seguridad de que sus amigos del colegio estarían en la Ciudad para acompañarlo en su primera fiesta en forma de cumple.

Cuando cumplió un añito hice doble festejo, pues además de su cumple celebramos su bautizo.  De esa fiesta en una quinta, con alberca y toda la cosa, él no recuerda nada, obvio.

Esta vez, no me importó el gasto.  Digo, rica no soy, para nada, pero reservé todo con ocho meses de anticipación para que el tirón no me fuera tan pesado.  Y, gracias a Dios, así fue.

Ese día en la mañana me la pasé en las vueltas propias del día cero. Comprando mi vestido, recogiendo las bolsitas que mi hermana Alma le regaló y pasando por él al colegio.

Todas mis amigas-mamis del colegio estaban con la incertidumbre si todo estaba en pie, pues el salón donde fue la fiesta, está ubicado a unas cuadras del casino que incendiaron el día anterior.

El personal del salón estuvo en contacto toda la mañana conmigo, casi creo que leyéndome la crónica de lo que las autoridades les iban informando a ellos para definir si las cinco piñatas de ese día podrían llevarse a cabo.

Y como cosa extraña, ese día llovió a mares. Creo que el cielo estaba triste por lo acontecido un día anterior.

Así que entre el temor y el agua, los invitados llegaron tarde, pero se portaron a la altura tanto los del salón como los del show y aplazamos un poco todo.

Nos fue muy bien.  Casi no nos faltó gente, sólo dos familias de la familia, dos amiguitos de Juan Pablo y algunos amigos míos.  Pero el salón  lucía lleno.

Juan Pablo estaba feliz.  Sus ojitos le brillaron al ver en acción a los héroes que tanto admira.  Los niños quedaron impactados con Ironman y con Red Skull.  Estaban igualitos, parecía que los habían sacado directamente de la película.

Claro, también le llamaron la atención Dr. Doom, Capitán América y Spiderman.

Nunca olvidaré la sonrisa de mi hijo en su cara…


Había dicho que ésta sería su primera y única piñata… hoy lo dudo, me encantó la organización y verlo tan feliz.  Aunque él dice que quiere ir a la playa para celebrar sus 7 años.

En fin, todo fue un éxito, muchísima gente, y agradezco en el alma a los papás de los amiguitos de Juan Pablo que nos acompañaron, a mis familiares y amigos.  Atesoramos mucho que pese a la incertidumbre y temor hayan estado ahí con nosotros.  En verdad, yo temía que la pasáramos solitos, así que estamos eternamente agradecidos con ustedes por hacer posible que mi Manotas viviera un día increíble.

Y, por supuesto, gracias a mi madre, mis hermanos y cuñados por querer tanto a mi creaturo desde siempre.




Atrocidad


Imposible no tocar el tema de lo ocurrido el jueves en Monterrey.

Ese día lo pedí de vacaciones en el empleo que tengo de tiempo completo, pues se trataba del día previo a la primera piñata de mi Juan Pablo.

Sin embargo, los planes cambiaron.  Mi editor del periódico me puso dos eventos: uno en la mañana y otro en la tarde… y en la noche me llamó para apoyarlo en la edición de las notas de este lamentable acontecimiento para el periódico de México.

Lo que ustedes vieron en la televisión, periódicos e internet, no se acerca nada a la realidad, a lo que fue.

Al cerrar los ojos, ya sea para descansar, dormir o simplemente parpadear, las fotos que vi en la redacción esa noche de ese hecho tan cruel vuelven a mi mente para llenarme de escalofrío.

El Casino Royale estaba a la vuelta del salón donde fue la piñata de Juan Pablo, así que ya una vez bajó la adrenalina del trabajo de esa noche, comencé con los nervios de si me cancelaría el evento el salón, si habría accesos, etc.  Situación que estuvo bajo control el mismo viernes de la piñata a medio día.

Los invitados llegaron y se toparon con camiones llenos de soldados y patrullas apostados justamente en la entrada al estacionamiento del salón de fiestas.

Yo todavía estoy en shock… casi todos los regios tenemos algún conocido que estuvo ahí, que se salvó o murió.

Todavía tengo impotencia, se me cierra la garganta y no quiero pensar más en todo eso.

En fin.  Es un mugrero de sociedad.  Es un mugrero de Gobierno y con esto, espero con todos mis deseos, que nuestro gobernador renuncie inmediatamente y se haga algo ya para terminar con todo esto.

Que en paz descanse toda esa gente.


miércoles, 24 de agosto de 2011

Me voy, pero no me voy

Pedí un par de días a cuenta de vacaciones.  Así que no me verán el polvo ninguno de mis tres patrones mañana y pasado.

Me dedicaré a ultimar detalles para la piñata de mi retoño.

No crean, me he vuelto blog-adicta, así que ya tengo material listo para subirlo desde casa, pero si no me da tiempo, avisados están.

No me abandonen y acá nos veremos con la reseña de la fiestecita de mi querido Juan Pablo.

Un abrazo a quienes me hacen el honor de visitarme.

¡Los quiero!

Ellos se encargarán de dibujarle una enorme sonrisa al ser que más amo en el mundo y en mi vida:


De Cenicienta a princesa


Me he dado cuenta que esta semana he andado muy romántica.  Lo digo por las entradas que he publicado en mi rincón, pero creo que conozco algunas historias dignas de contarse en cualquier espacio, así que aprovecharé el mío para hacerlo.

Esta es la historia de “la prima de una amiga”, así literal, en realidad Alma sí es prima de Sandra, una de mis mejores amigas. Tal vez cometa algunas imprecisiones en este relato porque hace mucho la misma protagonista me lo contó y lo hizo una noche de fiesta que pasamos en la desaparecida Fonda San Miguel, así que entre la música a todo vuelo y los drinks que estábamos disfrutando no oía y digería muy bien que digamos los pormenores.

Sandra y su familia son originarios de municipios lejanos de Nuevo León, por lo que la mayoría de sus primos, hombres y mujeres, vivían largas temporadas en la casa paterna de mi amiga, pues elegían Monterrey para realizar sus estudios.

Lo mismo hizo Alma, la mayor de, si mal no recuerdo, cuatro o cinco hermanos.  Por alguna razón, los padres de esos niños vivían separados y la mayor de los hijos trabajó desde muy pequeña para ayudar en el gasto de la madre.

Luego, vino a Monterrey a estudiar una rama del turismo en una escuela pública.  Su primer trabajo fue en un hotel desaparecido de Monterrey, pero que en algún tiempo fue muy reconocido.

En esa etapa, Sandra y su familia, incluida Alma, se habían mudado de colonia y una de sus nuevas vecinas había cambiado su residencia a Cancún luego de haberse casado.

En secreto, Alma comenzó a juntar dinero y con mucho esfuerzo y durante un año, logró completar el costo de pasaje a Cancún… tan solo el pasaje de ida.  La vecina le había ofrecido su departamento para vivir en lo que conseguía trabajo y su propio espacio para hacer su vida.

Con las maletas cargadas de ilusiones, la chica partió.  Pronto consiguió empleo como hostess de un buen hotel en ese bello paraíso.

Trabajar en un hotel, lo digo por experiencia propia, a veces es patético porque debes sonreír en todo momento aunque el cliente te trate déspotamente o se ponga intransigente.

Un día, cuenta Alma, ella estaba en su escritorio.  Un hombre gordo estaba sentado en una sala cercana a ella y ella trató de entablar conversación con él.

Alma: ¡Qué buen clima le tocó en su visita a Cancún… hoy no llueve!
Gordo mamón: Yo no vengo a vacacionar, así que da igual si llueve o no. Solo vengo en plan de negocios.

Fin de la conversación.

Otro día, Alma recibió la llamada de un amigo en su teléfono.  El gordo mamón estaba sentado en el mismo sillón, haciendo como que leía una revista.

El amigo estaba invitándola a la inauguración de un nuevo antro en Cancún y le pidió que llevara a una amiga para él llevar a otro cuate y salir los cuatro juntos.

Ella repitió la ubicación del lugar en el que se verían, que era el nuevo antro en sí.

Los amigos de Alma no se presentaron, pero el gordo y otra persona más hicieron su triunfal entrada al lugar y se dirigieron a ella y su amiga.

Las saludaron y las dos tenían cara de interrogación y los trataron indiferentes. 

Los días pasaron y ahora era el gordo mamón quien buscaba tener conversación con Alma y al paso de los días, él regresó a su tierra de origen: Buenos Aires, Argentina.

A partir de ahí, hablaban diario y con el trato, ella fue cambiando la mala imagen que se había formado de él en el primer contacto.  Empezó un romance a distancia.

El gordo, que sí tiene nombre, se llama Jorge Evangelista, y viajó varias veces a Cancún a ver a Alma, de quien ya estaba inevitablemente enamorado.

En la segunda visita, él había bajado muchísimo de peso y la pérdida de grasa dejó al descubierto una guapura impresionante, de esas características de los chés.

Un día, él le pidió irse a vivir con él a su tierra.  Ella aceptó y los dos viajaron a Monterrey a hablar con los papás de Sandra y la madre de Alma.

Ella solo sabía que su amado tenía negocios, pero desconocía con exactitud qué tipo de negocios eran.

Al llegar allá, se encontró con que Jorge tenía periódicos, estaciones de radio y uno o varios canales de televisión por cable.

No solo le había sonreído el amor, sino también la vida en lo económico, sin esperárselo.

Ahora, ella cuenta:

“Cuando partí a Cancún a buscar empleo, tenía la presión de encontrarlo de inmediato porque…”, abre su bolso y saca un peso mexicano y te lo muestra y se le quiebra la voz, “solo llevaba esto (el peso) y yo debía enviar dinero a casa porque mis hermanos y mamá tenían qué comer y ellos darle duro a la escuela”.

Ellos se casaron en Argentina.  Después, él la envió a Monterrey y la hospedó en un hotel de lujo por varias semanas.  Las suficientes para preparar una boda en grande con su familia y amigos regios.

Así que Alma, Sandra y  yo trabajamos a marchas forzadas para que esa boda fuera una boda de ensueño.

Con esta historia queda más que claro que cuando te toca, aunque te quites y cuando no te toca, aunque te pongas.


martes, 23 de agosto de 2011

Así empezó nuestra historia...

Hoy se cumple un año del reencuentro.

Por alguna razón, mi sobrina Mariana, ahora toda una quinceañera-preparatoriana, pasó unos días o esa tarde en casa de su abuelita, mi madre.

Anduvimos dando la vuelta en el carro, Mariana, Juan Pablo, mamá y yo.

Llegamos a casa y estando ahí, decidí dispararles una nieve de la Sultana.  Así que ahí vamos los cuatro a la que está ubicada en pleno Centro de Monterrey, justo en la calle Zaragoza.

No me acuerdo si pedí una nieve para mí porque la leche mortifica a mi colitis que en esos entonces me provocaba malos momentos frecuentemente.

La fila de clientes era inmensa y hacía un calor de los mil demonios.

En lo que nos servían lo que pedimos y en lo que Juan Pablo saboreaba ya su helado de choco chip, llegó mi gran amigo y colega, Jesús Carvajal, con su esposa Laura y sus hijos Amanda y Santiago y platicamos mucho, ahí, al filo del escalón de la nevería.

La calle Zaragoza, como saben los regios, es sumamente transitada.

Yo andaba en fachas, camiseta y shorts cortos. Mamá siempre me pide que salga arreglada “no vaya a ser que te encuentres al amor de tu vida”, pero a mí me da flojera sacudirme la flojera cuando ésta ya está estacionada en mí.

Parecía que era un paseo cotidiano, pero la realidad era otra.  La realidad es que mi vida estaba a punto de cambiar drásticamente.

En ese entonces, tenía seis años disfrutando mi etapa de mamá y de mujer soltera.  El amor no había tocado a mi puerta y yo no lo extrañaba. Me sentía bien.

Tenía mi cuenta de feisbuc que me abrió una de mis amigas y que jamás usé.  Sólo me llegaban a mi correo las invitaciones de gente, mismas que ignoraba.

Un día de esa misma semana, me llegó una de esas invitaciones y en ese tiempo, aquí en la oficina teníamos acceso a lo que siempre tenemos bloqueado porque al de sistemas se le olvidó bloquearnos todo después de la comida.

Así que me llegó la invitación y vi una foto milimétrica, pequeñísima de un hombre delgado.  No lo reconocí y vi que se llama  S.

No acepté la invitación, la rechacé, y la mandé a los correos eliminados. Lo hice porque el chavo no me parecía conocido ni su nombre y porque de plano no utilizaba feisbuc.

No sé por qué, pero de rato, me regresé a esa bandeja de mi correo y abrí totalmente la invitación.  No me desmayé por obra y gracia del cielo.

“¡Es el chavo de equis medio de comunicación!”, dije recriminándome.  No lo había reconocido porque tenía muchos kilos menos.  Aunque, él lo sabe, a mí me encantaba también gordito.  Realmente lo que siempre me encantó y sigue encantando son sus ojos y lo que hay dentro de ellos.  Pero fuera de eso, me parece un hombre sumamente atractivo y hasta sexy.

Efectivamente, era el colega que hacía 10 años no veía y que hacía 11 años me hacía suspirar cuando me lo encontraba en los eventos.  Solo que en esos ayeres yo estaba comprometida y él casado (aunque su status lo supe después cuando comencé a tratarlo luego del reencuentro).

Batallando e investigando, comencé a navegar en el feis, un mundo totalmente desconocido para mí hasta ese momento.  Lo encontré y le mandé un mensaje privado pidiéndole que me agregara.

Cuando me lo encontraba en los eventos por cuestiones laborales no quise siquiera conocer su nombre, pues yo tenía novio y porque S me encantaba.  Así que, en el momento que supe quién era  S, al ver a detalle su invitación para ser su amiga feisbuquera y que había rechazado no más de una hora atrás, encarecidamente le pedí que me agregara y desde ahí comenzó la historia que hoy me tiene lealmente enamorada.

Lo primero que me dijo fue que qué delgada estaba, que no parecía que tuviera ya un hijo, que estoy igualita, “igual de guapa”, fueron sus palabras.  ¡Favor que me hace!

Me explicó que me vio en esa Sultana, él iba en su Jetta por la calle Zaragoza, y yo estaba subiéndome a mi palomito, mi Platina de las mil batallas.  No se detuvo, pero me buscó a través de la red.

Nuestro amor ha sido un amor con muchísimos altibajos, pero lleno de pasión, complicidad, semejanzas o afinidades y entrega.  Justo ahora tenemos muchísimos proyectos importantes juntos.

Me hace reír muchísimo, como cuando no podía silenciar mis carcajadas desde la cocina al oírlo cantar a todo pulmón en una madrugada en la sala de mi casa.  Dijo que era la primera serenata que me regalaba ahora que está aprendiendo a tocar su guitarra que cariñosamente llama Metallica.

La historia, ya lo dije una vez en este rincón, no ha sido fácil.  No han faltado las terceras personas que han tratado de destruir lo nuestro, pero el amor siempre ha estado ahí, a nuestra manera.

Desde hace poco dejé de idolatrar esa red social, pues luego de esa felicidad me trajo muchos sinsabores que quiero olvidar y desterrar de mi pasado y pensamientos.  Así que el primer paso era eliminar esa cuenta y no usarla jamás.

Hoy estamos juntos, a nuestra manera… gracias a ese antojo extraño y nada común de comer nieve.



lunes, 22 de agosto de 2011

Y no es por ser San Lunes

Seguramente han vivido uno de esos días o etapas en las que simplemente no entienden nada.

Yo llevo tres días estacionada, involuntariamente y de repente, en esa situación y es exasperante, agónico, enfermizo.

Doy vueltas y vueltas al pensamiento y a los sucesos anteriores y no encuentro la clave que me diga que cometí un error como para recibir ese trato. 

Simplemente no lo encuentro y simplemente creo que no es de humanos.

No creo merecerlo y las explicaciones hasta hoy recibidas no me convencen, no me satisfacen.


Amor de otoño

Los últimos dos domingos, cambié de lugar al ir a la audición de la Banda de Música de la Ciudad de Monterrey.

Los dos me senté en unos escalones y ya no junto a los músicos.  Ahora me gustó sentarme en otro lado porque de ahí puedo ver perfectamente los pasos de baile que los danzoneros, chachacheros, swingeros y mamberos ejecutan magistralmente.

Ambos días no pude despegar la vista de una pareja.  Los dos domingos estuve sondeando a los visitantes frecuentes para que mínimo me dijeran el nombre de ambos, pero nadie supo decírmelos.

La idea era tomarles una foto para ilustrar esta entrada, pero me dio pena hacerlo, así que la foto que ven aquí no es una imagen de ellos. 

Sin embargo, aquí vengo con la historia de ambos.  No es la verdadera, pero es la que yo vi cómo se fue tejiendo a lo largo de un par de años.

Él es un hombre de unos 70 años.  Alto. Blanco, Un tipo elegante, de muy buen gusto para vestir.  Se ve que es una persona de buena posición económica y muy educado.  Parece que de joven fue sumamente atractivo.

Usualmente viste pantalones de vestir, camisas de manga larga, tirantes y un sombrero a juego.  Los zapatos siempre bien lustrados.

Ella pasa de los 60.  Es altísima, morena, utiliza tacón 13, casi siempre zapato cerrado o con la punta ligeramente abierta.

Esta vez lleva una falda negra un poco más abajo a la rodilla, de pinzas y sus piernas son cubiertas por unas medias de red del mismo tono que su falda.

Lleva una blusa de animal print y sus accesorios: aretes, pulsera y collar, son del mismo concepto que el estampado que su blusa, al igual que sus zapatos altísimos.

Lleva cabello corto, negro, pero entrecano. Se mueve delicadamente y sonríe en todo momento.

Cuando todavía ni siquiera eran pareja de baile, vi varias veces que ella se acercaba a él a saludarlo.  Muchas de esas veces no bailaban, pero ella siempre tenía una hermosa sonrisa en sus labios.

Estos dos domingos, pude ver que van muy bien preparados a la cita.

Llevan una botella de dos litros de Coca Light y botana a granel, de esas que venden en los súpers.  Llevan un montón de chicles y sus respectivas sillas.

Van juntos.

Bailan algunas piezas, sus favoritas son: Perfume de Gardenia y muchas de Ray Coniff.  Pareciera que nacieron para bailar juntos siempre.

Ahora que me siento deliberadamente en ese sitio para verlos juntos, me doy cuenta que de ser pareja de baile, pasaron a ser pareja sentimental.

Él le habla al oído y ella sonríe.  Él guarda algunos de los paquetes de chicles en la bolsa de su amada.  Si la abre él personalmente, quiere decir que hay suma confianza.

Si empieza una melodía de su gusto, se paran de inmediato y al mismo tiempo sin decirse una sola palabra.  Solo se lanzan una mirada de complicidad.  Bajan los escalones con cuidado.

Él le toma la mano o el brazo.  Se ve  sumamente protector.  Bailan de “cachetito” y de vez en cuando improvisan en los pasos, como si estuvieran ensayados.

Se dicen palabras al oído, ella y él sonríen y se besan en los labios.

Ella se ve sumamente feliz y él se ve enamorado.

Todo esto me hace creer que el amor es posible, solo falta encontrarlo, cuidarlo, procurarlo.

No importa que llegue en el otoño de nuestros días.  No importa que se trate de una segunda o tercera oportunidad para uno de los dos o para ambos.

Pero ese cariño y amor que ambos se profesan es de esos envidiables.  En lo personal, verlos me hace creer que para todos hay alguien por ahí en el mundo.

Me hacen suspirar.  Ayer salí de ahí no sin antes decirles que hacían una maravillosa pareja.

Ellos agradecieron el cumplido, el comentario y me dedicaron eso que me atrapó de los dos, se regalaron una mirada cómplice, llena de amor...

Así me gustaría vivir un día el amor.

Ojalá.

viernes, 19 de agosto de 2011

Y que llega un Hermano musculoso y…


Ayer me comentaron que tendremos nuevo Hermano en el colegio de Juan Pablo.

Una buena fuente me informó que este nuevo coordinador tiene cuerpo atlético y que llega con la consigna de revisar los lonches de los niños, de uno por uno, y vigilar que coman sano.

La verdad, en eso tengo tachita.

Y es que, Manotas no sale de casa sin desayunar, de hecho, él mismo, si a caso vamos a la tienda a comprar algo para su desayuno, me dice: “¿y no voy a comer antes de salir?”.  Así que permito que en la hora del recreo coma lo que le gusta, pues ya en la casa desayunó o almorzó… así que llevaba dos ciclos escolares surtiéndome de Pingüinos (individuales) y Mini Gansitos, palomitas light, jugos Jumex en Tetrabrik… en fin, cosas que de plano debo eliminar de mi lista del súper que debo surtir este fin de semana.

Lo malo, es que Juan Pablo es súper especial para las comidas y no me gusta que regrese con el sándwich íntegro a la casa porque de plano no se lo come.

Ahora, estoy haciendo la tarea de buscar menús que sepa que le gustarán a dos días del inicio del ciclo escolar, pues lo único que se me ocurre es comprarle un montón de uvas sin semilla. Era para que en vacaciones le hubiera dado a probar nuevas cosas para definir qué es lo que le gusta.

En fin… eso del Hermano musculoso ya me está poniendo neuras.


jueves, 18 de agosto de 2011

No lo lleva en la sangre porque no se puede...

Lo que le debía desde el 14 de febrero ya está plasmado en su ser...  Así es su new tatoo, bueno, está mejorado por Ritual...


Otra misión cumplida.

Soy colaborador, no cobrador

Estoy a punto de aventar el arpa en uno de mis tres empleos.  Ese lo tengo apenas desde por ahí de marzo de este año.

Es algo que me gusta, pues implica involucrarme con el automovilismo.  Mis jefes fueron mis fuentes hace años, así que hay muy buena comunicación para trabajar.

Sin embargo, batallo para que me paguen.

Tengo dos trabajos ya realizados pendientes de pago y que hace casi tres semanas les dije que me urgía para el lunes pasado.  Es fecha que no sé nada al respecto y justo esta semana estoy trabajando en un evento que termina el domingo.  La bola de nieve sigue creciendo.

Regularmente, quienes trabajan para ellos en esos eventos reciben su pago el día del evento.  Se van a casa con su lanita en la cartera.

Acá, conmigo, desde mis antecesor, siempre se ha manejado así como ahora, es decir, lo dejan para el último.

Me incomoda mucho tener que llamar para cobrar.  Anoche le platicaba a S en casa todo esto y le dije la razón que les di, que es real, sobre la urgencia de recibir ese pendiente a más tardar hoy… me dijo que no me hiciera ilusiones.

No es mucho, pero si se junta el pendiente con lo que estoy haciendo ahora, creo que nunca me lo pagarán y me estresa.

Le pregunto a una compañera si está mal que les recuerde de ese pago y me dice que de ninguna manera, que se trata de algo que ya trabajé, que simplemente no estoy pidiendo un anticipo, sino algo realizado ya.

Ayer que hablé con la persona encargada me dijo: “es que se juntaron la quincena, con los pagos de servicios y, pues, no hay”.

Me quedé callada pensando: “So?”.  Al final solo le dije: “me urge para mañana”.

En fin, no sé si al terminar la temporada continúe ahí.  No sé si yo mejor le daré las gracias por esta inconformidad o ellos me dirán adiós porque les estoy cobrando… aunque, pensándolo bien, a quien le den esa labor les cobrará.

Justa razón.